martes, 26 de febrero de 2008

Hubo

Un tiempo cuando despertaba temprano, prendía la tele y estaba Connected de Stereo MC's, casi siempre. A veces alguna del soundtrack de Reality Bites "I only hear what I want to...", ¡bah! Jai, Jars of Clay, Letters to Cleo y otros one-hit-wonderers no tan malos.
Y pensaba en quién había inventado eso de ir a la prepa en otra ciudad, pues de San Miguel a Querétaro era media hora y me debían llevar cuando no me quedaba allá.
Odiaba a mis papás a un metro de distancia de mí, sólo quería llegar a la escuela para fumar en los pasillos y quedarme afuera de la clase. Me chocaba abrir la puerta y ver a todos ahí sentados. Mejor me iba al centro a pasear, por un helado a La Mariposa o a sólo caminar por ahí.
Alguna vez fui a Juriquilla a buscar a mi primo Pepe, me caía bien su amigo el "guaguá", quien sufría de unas feas erupciones en la nariz... acné.
Mi pecho estaba lleno de vellos enterrados que se veían como puntitos rojos y me chocaban. Eso sí, mis amigos de la escuela eran súper inteligentes y hablábamos de muchos libros. Me gustaba jugar tenis por las tardes con Armando Soto. Los quince años de la amiga de Paco Mascorro habían estado buenos. Bailé mucho con unas gemelas, y aunque las reconocía a una de otra, me hacía el que las confundía. Estuvo divertida la estancia en casa de Paco, parecía hotel.
En ese tiempo recordaba mis primeros años como si se trataran de los recuerdos de un autista, como de alguien que no era capaz de comunicarse efectivamente con el mundo porque no conocía las palabras necesarias para tener cualquier cosa.
Y ahora me río de todas aquellas tonterías y de lo serias que eran. Las cosas que me daban risa entonces son todavía motivo de carcajada. Ahora soy un bagaje enorme de sentido del humor.
El regreso a San Miguel y nuevos amigos, Luis el que me caía mal de lejos es todavía uno de los mejores. Llegó Gaby, se fue. Otras personas tampoco están ya. Otras no estaban.
No detendré la risa y veré como desaparecen de la arena húmeda muchos otros nombres. Y llevaré las manos llenas de conchitas que recoja en el camino, sólo para tirarlas al mar otra vez.

1 comentario:

Pepe, el primo dijo...

güagüa... increíble que recuerdes su lastimosa nariz... jajaja...