martes, 11 de marzo de 2008

Me duele la cabeza

Entonces, además de las aspirinas que me dieron en la oficina, se me hizo lógico ir a comer en la calle un tlacoyo de requesón. Podría ayudar, ¿no? Lo vi flotando frente a mí cuando pensé en que no me podía tragar dos pastillas de ácido acetilsalicílico así... con el estómago pelón. Aunque la primera opción contemplada fue un aburrido danop. ¡Bah!
Sin quitarme los lentes oscuros pedí mi antojo y fingí no ver las manos mugrosas de la mujer, quien en su pequeño establecimiento casi a la mitad de la calle, me lo preparó. ¿Cómo es posible que una mujer tenga las manos tan cochinas?, pensé. Si un hombre trae las manos sucias no hay mucho problema, a menos que sea o se las dé de ginecólogo.
Confié en que la temperatura del comal mataría a los protozoarios que la chica pasó de sus deditos a mi tlacoyo y me lo comí. Saqué el billete de mi cartera y con modos chilangos (ajá, sin mirarme a los ojos) se apresuró a decirme "no tengo cambio". ¡Claro!, sin despegar sus nalgas sudadas del banquito desde el que despacha y sin dar trazas de comedirse para ir a cambiar.
A punto de enojarme volteé al establecimiento contiguo; decidí agregar un jugo de zanahoria al menú y tener billetes más chicos. Y literalmente... porque así como vamos, en unos cinco años, servirán para lo mismo los del turista mundial.

2 comentarios:

hugo dijo...

oh, me recordó la noche que lleve al amigo ingles a un puesto frente a una fiesta y todos hambrientos vimos como se mochaba un pedacito de dedo el taquero y lo revolvia con lo demas. enfermos estuvimos varios dias, solo de recordar.

Blue dijo...

El tlacoyo es básico para aliviar un dolor de cabeza, muy bien pensado!!! la mugre solo le agrega sabor!!!