martes, 22 de abril de 2008

Montse tuvo un sueño padrísimo

Montse, con quien comparto oficina y mes de nacimiento, aunque no año; descubrió al fondo del edificio donde trabajamos un ventanal. Se veía una playa súper bonita.
El mar, la arena y muchos árboles eran parte del paisaje, pero lo más impresionante eran todos los caballos que había ahí, incluso uno de dos cabezas: raro y hermoso. De súbito pasaron los alumnos de aquí en bicicletas, todos alineados.
Mi amiga preguntaba desde cuándo estaba todo esto, pues no se había dado cuenta y Luis, el encargado del laboratorio, le recordaba que los caballos y todo los habíamos traído entre ella y yo. Entonces, Montse preguntaba por mí.
Por una de las puertas aparecí todo mojado y más feliz que nunca. "Aproveché para darme un chapuzón de una vez", les dije. Entonces les conté que aprovecharía mi hora de comer para meterme a nadar al mar diario.
Montse, Luis y yo nos sentamos y vimos desde el ventanal todo ese paisaje: árboles, caballos, mar y atardecer. Ella despertó.

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