viernes, 8 de agosto de 2008

Hace años

No me dolía la cabeza como anoche, pero no sabía cómo mitigar el asunto y salí de mi lecho para buscar analgésicos. No soporté la búsqueda porque implicaba un foco encendido y una idea errática respecto al lugar donde encontraría las tabletas.
Apagué la luz y el dolor seguía, fui al baño porque pensé que vomitaría, pero no. El dolor se puso peor, regresé a la cama y cerré los ojos con la intención de dormir.
A mi dolorosa cabeza llegó la imagen de esa pomada china que Nena me regaló hace como año y medio, justo un día de jaqueca espantosa, aunque no tan fea como la de anoche.
En la oscuridad caminé hasta la pomada; abrí el cajón y la diminuta lata fue lo primero que sintieron mis dedos. La abrí y con desesperación froté mis yemas contra la perfumada cera, después muy fuerte contra mis sienes. Nada importa cuando hay tanto dolor.
Me metí a la cama otra vez y pedí que o muriera o se acabara la tortura, pero ya. Repetí "por favor, por favor" sin abrir la boca. Entré en un sopor de ruidos desarticulados que se acercaban a mí: era el ruido de varios hombres que emitían un sonido vibrante y repetitivo, como un canto que no entendía.
Entonces me sentí tranquilo y supe que no moriría y hoy estaría todo bien, cuando abrí los ojos, segundos antes al ruido del despertador.

3 comentarios:

Jorge Pedro dijo...

qué bueno que ya te sientes mejor :D

Tomás, no hay más dijo...

Muchas gracias. :)

Iván dijo...

Recuerdas el excedrin migraine?
aun los tengo...