miércoles, 17 de septiembre de 2008

Estoy de regreso

En la ciudad, ¡y cuántas cosas pasaron el fin! Vaya, en todo el país. En San Miguel opté por dejar a todo el mundo plantado y hacer mis cosas. Paseé con mis papás y hermanas. Comí toneladas de tabulé, arrachera, pizza y pollo. Me bebí dos botellas de Concha y Toro. Hubo varias cervezas en el ínter. Jugué con la perra y los gatos. Vi televisión. Salí solo al campo, sin avisar a nadie.
Cuando estaba ahí pensé en la posibilidad de ser golpeado por un rayo; estaba nublado y yo en medio de árboles, nopales y cactus. ¿Qué importaba?, estaba seguro que no pasaría nada de eso. Mi cabeza sólo la quería hacer de emoción.
También tuve este sueño en el que platicaba con algunos contemporáneos de la universidad, pero no quienes eran mis amigos. Estaba con ellos en una especie de cafetería, sentado en una silla con unas patas como de 20 metros de altura, las mesas igual. Volteaba hacia abajo y el vértigo casi me inmovilizaba, pero fingí que no era así.
Pidieron que me pusiera de pie, pues reacomodarían el mobiliario. "¿Dónde me paro?", pregunté. "Aquí hay unos ganchos de metal en la pared", alguien respondió. Sin pensarlo me moví hacia ellos y los cogí fuertemente con las manos, igual atoré mis pies en la parte inferior. Tardaban mucho reacomodándolo todo y mis brazos se cansaban. Me dijeron que no tardarían más.
Me sentí a punto de soltarlos y recordé una revista TVyNovelas, donde vi que algún famoso había caído de 20 metros y no había muerto. "Es que ya no puedo más", pensé y desperté.
Claro que conté el sueño a mi familia y todos rieron. Tomás, mi padre, también me compartió su sueño de aquella noche y recordó otros más. Ya entrados en la plática onírica, narré el sueño del terremoto que me hacía saltar por la ventana y tras ver mis piernas rotas y a los vecinos asomados por los balcones, me daba cuenta que no había tenido una magnitud tan fuerte como para provocarme una reacción así de exagerada.

2 comentarios:

hugo dijo...

si. a los jovenes les paga mas duro el suicidio de un contemporaneo.

que bueno que fuiste a san miguel. y no a morelia.

saludos

Tomás, no hay más dijo...

Ya sé. Ayer, a mi regreso, me enteré de lo que pasó. ¡Qué mal! ¡yo tan bonito que la pasé!... Son cosas medio lejanas. Uno da por hecho que los demás son súper felices. En fin, soy el último en enterarme que fue suicidio. ¿O de qué hablas? Y, ¡qué feo lo de Morelia! ¡Dios!