lunes, 1 de diciembre de 2008

Ayer me

Compré una bici. Desde que la vi, y después de conocer otras, sólo pensaba en ella. Se me quedó en la cabeza. La pagué, saqué de la tienda, y usé por unas dos horas. Es posible que más. Cuando me ponía nervioso con la gente alrededor, se desestabilizaba. 
Del Centro hasta la Roma fue padre el camino. Después de pasarme un alto, a pocos metros caí. Dicen por ahí que se vio muy chistoso de lejos.
Después de recorrer la colonia en zigzag, vi Las Fresas Salvajes. De regreso, ya cansado y con sueño, tomé el camino más seguro a mi casa. 
Recorrí un buen tramo de Nuevo León, después pasé por la lavandería carera de Citlaltépetl, y así como la película que recién había visto, tuve mi propio roadmovie de 25 minutos con sus respectivos flashbacks intercalados.
Las calles estaban en penumbras y solas. Estuvo buena onda el asunto, todo tenía una composición fotográfica muy bonita, como si el trayecto se hubiera dispuesto así para mi paso. El camino estaba lleno de símbolos que tomé y ahora pienso muy bien.

3 comentarios:

Joselo dijo...

Consejo: Jamás extiendas los brazos y cierres los ojos, aunque en tu mente suene tu canción favorita y estes disfrutando el momento.. núnca se sabe cuando un trailer con troncos se cruzará en tu camino.

Damn.. quiero una bici

Evamia dijo...

Yo tenía una bici morada, también era mágica, también caí con ella (y fue gracioso según dicen). Ahora ya no está conmigo.

Suerte y cuidado.

Tomás, no hay más dijo...

Las bicis son lo máximo, lo peor que he hecho sobre la bici es contestar el teléfono, pero me detengo de inmediato. Je, y no lo vuelvo a hacer. Saludos, amables lectores. ¡Qué bonito día!