miércoles, 28 de mayo de 2008

Lambert

The sheepiest lion es lo máximo. Hace que me sienta en mi casa, en chones, viendo la tele en 1987.


viernes, 23 de mayo de 2008

Todos queremos ver a Olga

Como a los nueve o 10 años tuve una temporada en la que me escapaba a una peluquería donde mientras se esperaba era inevitable hojear las Alarma, Playboy o Penthouse.
Sólo bastaba con que mis padres vieran el burdo corte para saber a dónde había ido. Después no me dejaban en paz con que me gustaba ir al "piojito bravo". Sobre todo mi papá... le contaba a los abuelos y tíos para abochornarme.
La referencia favorita del viejo peluquero era Olga Breeskin y a veces cantaba "todos queremos ver a Olga, todos queremos ver a Olga". Para quienes no tengan la referencia, era el jingle del programa que la violinista de nombre ruso tenía.
¿A quién se le ocurrió Olga Breeskin? ¿Recuerdan cuando salía en los programas de televisión con una boa y un violín? Nunca podré sacármelo de la cabeza. Es como un recuerdo inventado que no se va.

¡Qué final tiene Cabiria!

Y las cuerdas de la banda sonora son auscultaciones de uno mismo en la oscuridad.

viernes, 16 de mayo de 2008

En septiembre de 2006

Fue una de las últimas ocasiones que manejé por mi carretera favorita, en la sierra guanajuatense, justo el tramo que va de Dolores a la capital del estado, a donde llegué en el ocaso y empezó esta canción acompañada de lágrimas sin sollozos.


miércoles, 14 de mayo de 2008

Charleston, charleston

Como en los tiempos de mamá y papá...

Tuve una pesadilla

Entonces no necesito decir que fue espantosa, pero ya lo dije. Soñé que mi papá sufría un infarto y moría a bordo de un coche que hace años vendió. Fue muy sórdido, como mis sueños de los últimos días.
Yo estaba inconsolable y cerca de donde le lloraba a mi padre escuchaba un cuchicheo y risillas; eran los paramédicos. Reían de cómo habían encontrado el cadáver y lo imitaban. Furioso corrí y salté hacia ellos para darles su merecido. Desperté.

martes, 13 de mayo de 2008

lunes, 12 de mayo de 2008

Esa cara

Se me hace conocida de... Corpus es una frase buenísima, que a veces dicen mis abuelos y mis papás y me hace reír mucho. Y es que durante el jueves de Corpus vendían máscaras y tonterías en las calles del primer cuadro de San Miguel de Allende. Lo digo en copretérito porque no me consta que aún se lleve a cabo.
Bueno, hubo un jueves de esos, cuando tenía cinco años y Blanca, mi mamá, me compró varias arañas de plástico que al mojarlas y ponerlas en los vidrios, se quedaban pegadas y bajaban poco a poco. ¡Se veían muy reales!
Ya tenía varias y me encantaba ponerlas en las ventanas y asustar a la gente. Ese día quise tener más.
Bajamos del jardín o la plaza o como le digan por el Portal Allende y llegamos a la tercera cuadra de la calle Hidalgo, yo vivía a una cuadra más, en la calle Relox.
No sé por qué empecé a correr con mis arañas en las manos, estaba muy emocionado y me gustaba que mi mamá me pidiera que ya no corriera. La desobedecí y cuando estaba por llegar a la esquina con la calle Mesones, tropecé en la banqueta y estrellé mi cara contra una pared.
Sin pausas salía la sangre de la nariz. Las manos de Blanca constreñían en vanos intentos por que la hemorragia cediera y a mí sólo me dolía la cara. Subí la cabeza y la sangre me salió por la boca. El sabor me provocó arcadas y tos. Pasó un carrito de raspados y el hombre nos dio hielo y agua.
Blanca lloraba desesperada y llegamos al consultorio del doctor más cercano, Chris Ramaglia, quien cogió mi naricilla y la movió hasta que tronó y no sé qué más hizo. Ya no salió tanta sangre y me puso unos tapones.
Salimos y estaba apenado por haber provocado todo eso. Blanca sólo me abrazaba y fuimos juntos a la farmacia, donde fue preciso comprar un aerosol que usaría en mi nariz por no sé cuánto tiempo.
Ahora mismo no recuerdo qué pasó con todas esas arañas. ¿Quién me las robó o dónde las perdí?

jueves, 8 de mayo de 2008

¿Alguna vez escucharon la historia?

Del tipo que el 4 de febrero de 1912 se aventó del primer nivel de la Torre Eiffel, a 60 metros de altura, con unas alas y una especie de paracaídas que él mismo se hizo. Se llamaba Franz Reichelt. Pensé como buena idea dedicarle un post, pero no me interesa opinar sobre el asunto.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Cuándo, cuándo, cuándo

Soneto III

Era mi corazón piedra de río que sin saber por qué daba remanso, era el niño del agua, era el descanso de hojas y nubes y brillante frío. Alguien algo movió, y se alzó el río. ¡Lástima de aquel hondo siempre manso! Y la piedra lavada y el remanso liáronse en sombras de esplendor sombrío. Para mirar el cielo, qué trabajos ruedan los ojos turbios, siempre bajos. ¿Serán estrellas o huellas de estrellas? Era mi corazón piedra de río, una piedra de río, una de aquellas cosas de un imposible tuyo y mío. De: Cuatro canciones de horas de junio Carlos Pellicer