domingo, 31 de agosto de 2008

viernes, 29 de agosto de 2008

Supongamos

Que soy muy deshonesto y digo mentiras que pueden lastimar gravemente a los demás. ¿Por qué querría hacerlo? ¿Por mala onda o por inseguridad? ¿Por diversión? ¿Por qué?

jueves, 28 de agosto de 2008

Imaginar

Que mi primo es mi sobrino; me provoca ataques de risa.

Ya estaba listo

El Ipod en el brazo, los tenis, los chores y todo y que suena mi radio. ¡Chas!, un amigo que no veía desde el 2006 regresó de Canadá y me quería ver. No tuve de otra y me puse la ropa de mezclilla y otros tenis. Mi corrida nocturna quedó cancelada. ¡Qué mal!, porque regresé todo gordo e hinchado de la playa.
Y bueno, en el camino al punto de reunión tuve un recuerdo que detecté como casi perdido. Yo, aún impúber, me hice amigo de Gosh Servin, un ruso que estaba en mi pueblo de visita con un grupo de soviéticos. Hubo una fiesta para la comisión de su país. Por alguna razón fui ahí con mi familia.
Me enseñó un poco de cirílico y con su inglés me contó que vivía en Moscú, en Leninsky Prospect. ¡Súper! Cuando se fuera de México nos enviaríamos cartas y todo. Aún no existía el internet en mi repertorio de telecomunicaciones. ¡Ah!, y Moscú se escribe Mockba, o algo así.
Me cayó súper bien el Gosh. Quedamos en vernos al día siguiente en su hotel y fui, pero no quería decirle a nadie que iría con él. Me daba como vergüenza. Bueno, antes tenía este rollo tímido y absurdo: se me erizaba la piel de sólo pensar que alguien pudiera notar mi entusiasmo hacia cualquier cosa o persona.
También nos veríamos al otro día y le grabé un caset con música que me gustaba. Pensé que allá no escuchaban nada de esto y me pareció buena idea. Antes de salir vi el caset y sentí una gran incomodidad respecto a llevárselo. Lo dejé. Fuimos al Parque Juárez y me porté todo raro. Estaba triste por no haberle llevado el regalo en el que invertí un par de horas.
Me anotó su dirección en una libretilla que traía y arrancó el papel. Le dije que tomara la mía de la primera carta que le llegara.
De regreso decidí caminar cuesta arriba por las calles más empinadas y tomar un camino larguísimo a mi casa; ir por donde era menos probable encontrar a alguien conocido. Todo el camino sentí ese dolor de los tensos y comprimidos músculos que circundan la garganta.
Ya en mi cuarto evité ver el casi presente en mi buró. Hundí la cara en una almohada. No sé cuánto tiempo estuve así, pero me levanté sólo a tirar mis magnetizadas buenas intenciones a la basura de la cocina. Es obvio que nunca escribí la primera carta.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Vírgenes del mundo

Permanezcan así. Les conviene. No hagan caso de los medios ni de sus amigos. No se dejen contaminar. Quédense así hasta que llegue la persona definitiva. Si mueren castos, no importa. Yo mismo, hoy, lo quiero ser.

viernes, 22 de agosto de 2008

De niño

Maricarmen, quien cuidó de mis hermanas y de mí por algunos años, nos hacía rezar antes de dormir y en el cúmulo de letanías se incluía esta oración para que no nos fuera a picar ningún alacrán o araña venenosa. Y esta noche le he compartido ese recuerdo a Marisa.

Ángeles

Y serafines, que se cambie calcetines.

OJO

Solicito muchacha me apoye medio tiempo contestando el teléfono.
=AMPLIO CRITERIO=

jueves, 21 de agosto de 2008

Incólume

Es la palabra favorita del día. Ayer sólo pensé en gerundios en diminutivo. Fue divertido. Incólume suena como a grupo que toca cumbias. También pienso en un cencerro.

lunes, 18 de agosto de 2008

¡Qué buenos regalos!

¡Gracias!, vecino.

Soñé que el diablo

Tenía una galería cerca de mi casa y se portaba muy buena onda conmigo. Me daba consejos... algo extraños. No tardé en darme cuenta de sus malvadas intenciones. Le conté a mi vecino sobre él y no le resultaba desconocido el tema. "Sí, sí es el diablo, ya lo conocía", me reveló. Entonces lo busqué y le espeté que había sido suficiente y no me vería la cara como a los demás.
Lo reté a un duelo justo hoy a las 12:00 hrs., cuando ya estuviera despierto. Quedamos en que el perdedor moriría.
El otro sueño fue con la casa de mi madre en San Miguel, iba en la madrugada porque sabía que alguien se quería meter por el patio trasero. Llegué y vi a mis hermanas y a mamá dormidas. Entonces supe que si prendía las luces de afuera y atrás, ya nadie entraría. Desperté y volví a dormir.
Una hora más tarde abrí los ojos cuando sentí que mi brazo era jalado con fuerza. ¡Apa, sueñitos!
Llamé a la hechora de mis días y le conté de mi sueño en su casa. Me contó, sorprendida, que hace dos días, a mitad de la noche, entraron unos tipos por una de las altas bardas e hicieron mucho ruido porque resbalaron en un domo. Llegó la policía, pero alcanzaron a escapar.

jueves, 14 de agosto de 2008

Teicachansonmí

Y bueno

Dormí exhausto y soñé que me perseguían cuatro felinos de distintas especies: uno de esos con pelillos en las orejas, un tigre siberiano, una pantera y un león. En el sueño vivía en una propiedad gigantesca; ni alcanzaba a ver las rejas y claro, como en toda casa de ese tipo, había una alberca.
Entonces pensé que los gatos temen al agua, bueno, la gata que tengo en casa de mis papás no, pero nada perdería con intentarlo y me aventé a la piscina. Tuve razón al principio, pero la canija pantera metía las patas a la alberca como para probar que nada le pasaría con un chapuzoncito.
Y que se avienta... Ahí recordé un programa del Discovery en el que unos tigres de bengala se bañaban en un río de la India. ¡Madres!
Las otras fieras siguieron a la pantera, excepto el de los pelillos en la oreja. Ay, era mi única oportunidad de salvar la vida y aproveché su nado torpe para salir de ahí. Corrí y no volteé hacia atrás. Así como en las películas entré tan presuroso a la casa que olvidé cerrar la puerta. Casi me alcanzan y desperté, vi al león de peluche que tengo al lado de la cama y me sacó otro susto. ¡Lo juro!
Había olvidado apagar la luz y cerrar las ventanas. Apenas amanecía. ¡Qué frío! Fui a hacer pipí.
Ya después soñé con una de las mejores personas que conozco: regresaba con su peoresnada y venían a visitarme para celebrar. Llegaban en una camioneta picop con sus respectivas placas norteñas y tocaban el cláxon sin parar. El ex, bueno ya no ex, subía emocionado a la caja de la camioneta y sostenía un "¡Volvimos!" escrito en una cartulina naranja.
Moría de la risa y no me explicaba por qué habían venido a celebrar conmigo, me daba mucho gusto y los abracé. "Las cosas siempre se acomodan de nuevo y se ponen mejor", les dije emocionado... aunque un segundo más tarde y con un poco de amargura recordé que mi sueño anterior había estado muy agitado y en éste había ocurrido algo súper bueno, pero no para mí.
Entonces terminó el abrazo y volteé la cara hacia el cielo. Me cubrí del sol deslumbrante con la mano derecha; para sólo ver el azul y las nubes. Suspiré. Pensé en el significado del sueño anterior. ¿Por qué con fieras que me perseguían? El sueño terminó a tiempo para que no me devoraran, ¿me querían devorar? Soy un buen nadador y también corredor. ¿Son retos?
¿Los "retos" son en la medida de los límites que yo me pongo? ¿Qué hay de mis alcances?
De pronto ya estaba despierto y mientras me estiraba salían más preguntas.
La calle de Jalapa y el cruce de Reforma a Río Sena abrieron su paso a mis preguntas y a sus respectivas respuestas, muchas formuladas también como interrogantes.
Una excelente noticia fue vista por mí hace un par de horas en el correo electrónico. Y aunque no haya sido una carta de amor, se sintió parecido a una de esas con las que se humedecen los ojos y el corazón se sale del pecho. Ser es la mejor de las noticias que he recibido.

lunes, 11 de agosto de 2008

viernes, 8 de agosto de 2008

Hace años

No me dolía la cabeza como anoche, pero no sabía cómo mitigar el asunto y salí de mi lecho para buscar analgésicos. No soporté la búsqueda porque implicaba un foco encendido y una idea errática respecto al lugar donde encontraría las tabletas.
Apagué la luz y el dolor seguía, fui al baño porque pensé que vomitaría, pero no. El dolor se puso peor, regresé a la cama y cerré los ojos con la intención de dormir.
A mi dolorosa cabeza llegó la imagen de esa pomada china que Nena me regaló hace como año y medio, justo un día de jaqueca espantosa, aunque no tan fea como la de anoche.
En la oscuridad caminé hasta la pomada; abrí el cajón y la diminuta lata fue lo primero que sintieron mis dedos. La abrí y con desesperación froté mis yemas contra la perfumada cera, después muy fuerte contra mis sienes. Nada importa cuando hay tanto dolor.
Me metí a la cama otra vez y pedí que o muriera o se acabara la tortura, pero ya. Repetí "por favor, por favor" sin abrir la boca. Entré en un sopor de ruidos desarticulados que se acercaban a mí: era el ruido de varios hombres que emitían un sonido vibrante y repetitivo, como un canto que no entendía.
Entonces me sentí tranquilo y supe que no moriría y hoy estaría todo bien, cuando abrí los ojos, segundos antes al ruido del despertador.