lunes, 18 de mayo de 2009

Una vez cuando

Estaba en la prepa, fui con Luis Núñez, mi mejor amigo, a comer unos tacos de guisado en el local del ya desaparecido centro comercial de San Miguel de Allende, Plaza Real del Conde (¡qué nombrecito!, ¿verdad?). Nos echamos varios. Después de algunos minutos, ambos entramos en un trance rarísimo, sin duda provocado por alguno de esos tacos. 
El chiste es que nos pusimos rojos, desinhibidos, agitados y con ataques de risa a diestra y siniestra (ja, me cae bien este lugar común). Estábamos seguros que esos alimentos, seguramente por acedos, nos habían intoxicado. La experiencia fue padre.

2 comentarios:

miss comet dijo...

jajajajajaj

heyyy y qué tal el hoyo funky de dolores ¡¡¡¡ ay qué risa ¡¡¡¡

donde la licuadora y todo y todos se movían suuuper lento ¡¡¡

yo me sentí drogada , la verdad.

jajaja

Tomás, no hay más dijo...

¡Es totalmente cierto, Marisa! ¡Qué memoria prodigiosa! Eso era como la dimensión desconocida. La ñora hacía miles de cosas al mismo tiempo, pero se veía que las hacía tan lento. Ja, ja. ¡Uau!