jueves, 29 de octubre de 2009

Soñé que poco

A poco empujaba la casa en la que vivía de niño en San Miguel de Allende, hasta un jardín gigante. La ponía al lado de un árbol. Quería que quedaran juntos. La había empujado y arrastrado. Me había costado mucho trabajo.
Me sentía muy bien con la idea de tenerla en medio de un campo verde; mucho mejor a que estuviera rodeada de otras casas.
Ya ahí, necesitaba moverla para que todos sus lados quedaran completamente apoyados en el suelo. Entonces me paré en una chimenea para hacer contrapeso.
Apoyé el pie derecho en una cornisa y el otro en la rama del árbol, pero después ya no podía bajar y estaba muy alto. Estaba cansado de todos los esfuerzos que había hecho, pero aún debía sostenerme y mantener el equilibrio para no caerme de tan alto.
Sólo se me ocurrió llamar a mi hermana por teléfono y decirle que llamara a los bomberos, porque estaba demasiado cansado y en cualquier momento me soltaría. ¡Qué bueno que desperté!

4 comentarios:

el ishmail dijo...

uau, psicoanalist material for sure.

luis zapata dijo...

Me divierte mucho tu blog, siempre ingenioso, incluso en tus sueños (los míos, en cambio, son tan banales que no me atrevo a contarlos, casi casi no me atrevo a soñarlos). Te dejo un saludo

Tomás, no hay más dijo...

Ishmail:
Lo sé, aunque qué bueno que no voy al psicoanalista. Muajaujaua.
Luis:
Muchas gracias. El tuyo ni se diga, qué risa tu más reciente post. Me gusta escribir mis sueños. Quiero entrar a este blog en varios años y recordarlos vívidamente. Otro saludo para ti.

hugo dijo...

el problema de leer sobre tus sueños años despues es que no recuerdas absolutamente nada. son reservas que se borran forever. pero leerlos es padre. se siente uno creativo.

vi tu enorme foto en la bajada a puerto marques, je.