Bueno, en este caso me aseguré que el motociclista no tuviera heridas graves para sentirme libre de culpas y poderme ir -sin tener que llamar a la ambulancia o algo-: después de su vuelo se puso de pie enseguida. No sé cómo le hizo.
"Lo bueno es que traes casco", entablé la conversación. "Sí, si no...", me contestó, aunque seguía enojado con el taxista. Entre los tres desatoramos la moto, que se había metido a una de las ruedas del coche; claro, no sin antes abollarlo.
Pagué los 20 pesos que marcaba el taxímetro, aunque tenía ganas de darle 50. Ni sé por qué. Como que sentía el remordimiento de haber llevado a ese hombre a tener un accidente vial a cambio de menos de un par de dólares. Ya me tenía que ir.
Sucedió en Heriberto Frías y Xola a las 10 h.

4 ¡COMENTARIOS AQUÍ!:
Tssss... pero lo bueno es que nadie salió mal herido.
Pd. siempre me salen palabras de verificación bien chidas: romppegg
si pudieras en ese momento ofrecerle un ron con tu sonrisa de anuncio, se hubiera ido feliz. o al taxista. y que tanto platicaban para distraerse?
Híjole: la situación parece como sacada de uno de tus sueños. O de una película.
Pues sí, justo iba yo a mi meditación del domingo cuando pasó eso. Y con el choque quedé a una cuadra exactamente. Huí de la escena, literalmente. Hasta corrí, porque ya iba tarde. Muajaujaua.
Publicar un comentario en la entrada