Y pensaba "estoy hambriento como un dingo" -¡ándale pues!-. Rarísimo. Sólo veía el cielo y la hierba que se abría a mi paso -muy lento, por cierto-. Como que movía una pata, y la otra después de un par de segundos. Escuché una abeja zumbar hasta acercarse por detrás a mi oreja. Levanté la cabeza de la almohada. 3.51 a.m.
3 ¡COMENTARIOS AQUÍ!:
jajaja qué padre !
me recordó cuando un día que llegamos al estacionamiento de cable y te dije:
quiero un dingo.
Mientras un perrito que parecía caminaba frente al Megane ;)
Te dio mucha risa :)
Dingas a tu madle...
la de verificación
MANCEN
Muajaujauajaua. Pinches dingos.
Publicar un comentario en la entrada